Domestícame
Todas las personas mayores fueron primero niños. (Pero pocas lo recuerdan)
Antoine de Saint-Exupéry (El principito)
Nadie. Ninguno de nosotros suele recordarlo, es cierto. Una vez fuimos inocentes, pulcros, virtuosos en esencia...porque fuimos niños. De esos primeros años de nuestra vida no recordamos prácticamente nada, aunque hay quien dice que sí. Y, sin embargo, cuando uno tiene hijos y ve día a día esos primeros años, precisamente aquellos que luego, al ser mayores, no recordaremos bien, nos damos cuenta de que son los más bellos del mundo.
Mientras escribo este post, mis hijos están subiéndose encima de mí, corriendo por la casa, jugando con sus dinosaurios, sus muñecas...y riéndose mucho...(aunque las risas acabarán en algún llanto, seguro). Ojalá todos los adultos pudiésemos actuar cada día como ellos lo hacen: tienen fuerza y energía desde las siete de la mañana y hasta las doce de la noche (mínimo). No tienen en su cabeza nada más que vivir el momento, disfrutar y pasarlo bien. Cuando se caen, lloran dos minutos, y se vuelven a levantar, sonriendo otra vez, para volver a jugar. No les hace falta más que un "sana, sanita, culito de rana" para estar como nuevos. Los adultos no somos así. No somos tan fuertes.
Cuando leí "El principito" por primera vez, yo no era una niña. Era ya una adulta y no estaba pasando por uno de los mejores momentos de mi vida. Más bien al contrario. Encontré, entonces, en esta obra (la segunda más traducida después de la Biblia) un montón de grandes historias, metáforas y reflexiones que hicieron que, por supuesto, se convirtiese en una de mis lecturas favoritas. Una de esas que lees siempre que tienes un rato. Una de esas que lees a tus hijos casi desde que nacen. Y que a ellos también les encanta a pesar de no tener ni idea todavía (gracias a Dios) de lo que va la vida y el mundo. Pero si tuviese que elegir una historia entre todas (que ya es difícil...) elegiría la del principito y el zorro. La que da título al post de hoy.
Desde que leí aquella historia quedé enamorada del famoso "Domestícame" y, cuando mis hijos nacieron (cinco semanas antes de lo previsto) y tuve que vivir lo duro de un parto prematuro por cesárea y el ingreso de los dos en la incubadora durante varias semanas, me di cuenta de lo que significaba la palabra "domesticar" para un ser humano. A partir de aquello todo se ha elevado a la enésima potencia.
ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -díjo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”
-¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
– Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
-Yo soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo.
Supongo que en este momento muchas de las madres que me estáis leyendo os habréis sentido identificadas. Eso espero. Cuando estamos embarazadas, sobre todo la primera vez, no podemos llegar ni a imaginar los lazos que se van a establecer con nuestros hijos. Muchos nos lo dicen pero esa es una sensación que únicamente se conoce cuando se experimenta. Difícil explicarla con palabras mejor de lo que lo hizo este genio de la literatura y la sensibilidad que fue Saint-Exupéry. Es verdad que sirve para la amistad, que sirve para el amor en general...pero nada que ver con los lazos que se establecen entre una madre y sus hijos.
Cada vez que leo esta historia; cada vez que se la leo a mis hijos, aprendo algo nuevo, algo diferente, me doy cuenta de un nuevo matiz que, en otras lecturas, no había percibido. Un matiz más profundo, más escondido, más precioso. Algo así pasa con los niños, con nuestros propios hijos: cada día descubrimos algo diferente de ellos, algo que ha estado ahí siempre pero no habíamos visto, algo nuevo que piensan y dicen, una nueva destreza. Al final, cada día para ellos es como una vida entera para nosotros. Ellos son capaces de aprender en una mañana lecciones que básicas de la vida a las que dar la importancia justa. Ojalá fuésemos como ellos. Nosotros dejamos de hacer eso al dejar de ser niños.
Antoine de Saint-Exupéry. El principito.


Me ha encantado el post de hoy ❤️
ResponderEliminarMe ha encantado, espero como tú llegar a experimentar ese gran lazo de amor en mis hijos algún día, que envidia sana de amor puro y verdadero! Gran trabajo 😍
ResponderEliminarMuy bonito el post, diría que el Domestícame siendo niños lo hemos dicho a nuestros padres muchas veces, a base de incesantes preguntas con el afán de aprender y entender el mundo; y que sin darnos cuenta a la vez estábamos estableciendo lazos que nunca se perderán.
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