Fugit irreparabile tempus

¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé.
Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo.

"El tiempo vuela", "la edad lo trae y la edad lo lleva", "el tiempo todo lo cura", "deja que pase el tiempo", "tiempo", "tiempo", "tiempo"...
¿Cuántas veces hemos utilizado la palabra "tiempo" con uno u otro sentido, haciendo referencia casi siempre a su poder de llevarse partes de nuestra vida o a su capacidad para curar? Innumerables, seguro. La sabiduría popular es un hervidero de refranes y proverbios relacionados con el tiempo y su irreparable fugacidad y ha sido uno de los temas más recurrentes en la historia de la literatura. De hecho, se convirtió en un tópico literario, un lugar común: "tempus fugit", "in octu oculi"..."el tiempo vuela", todo pasa en un "abrir y cerrar de ojos".


Ayer se me ocurrió dar uno de esos paseos nocturnos en los que la ciudad donde vivo encuentra su máxima esencia: las terrazas llenas de gente, todos los grandes monumentos iluminados, la torre de San Miguel, majestuosa, mirándose, como desde hace siglos, en el río Carrión...y, casi sin darme cuenta, como si algo me guiase sin que yo notase su presencia, mis pasos me llevaron a la calle donde viví el primer año en que estuve dando clase, en esta misma ciudad, hace ya ocho años.
Al entrar en aquella calle y ver el portal y las ventanas del piso que había compartido con una compañera y buena amiga, un nudo en la garganta casi impedía que pudiese respirar. Se agolparon en mi cabeza a la vez sentimientos, canciones, sensaciones corporales, pensamientos, ideas...y, de repente, las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos...¡No puedo creerlo, me dije! ¿Cómo ha podido pasar tanto tiempo ya? Y, sobre todo, ¿cómo han podido pasar tantas cosas? Cuando comencé en la enseñanza, con 24 años, no tenía ni idea de que esta sería mi ciudad, de que este sería mi destino definitivo y de que aquí viviría tantas cosas. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquello que no esperaba se convirtió en algo de facto, real y maravilloso. Al pasar por los lugares donde solía aparcar el coche, esos huecos habituales que casi siempre estaban vacíos para mí, vinieron a mi cabeza las palabras mágicas: "tempus fugit", "carpe diem", "collige, virgo, rosas"... y, casi a la vez, algunas de las palabras más bellas que se han escrito nunca: 

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.


Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por passado.
Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar
por tal manera.

Los primeros versos de las "Coplas a la muerte de su padre" de Jorge Manrique, un noble a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento que escribió esta obra cumbre de la literatura y fue uno de los primeros en hablar del paso del tiempo, la fugacidad de la vida y el poder igualador de la muerte.
Aquí, Jorge Manrique, palentino (nació en Paredes de Nava) tiene un colegio y un instituto con su nombre y su esencia, al igual que la de los Berruguete, impregna toda la ciudad. Al recordarlo, recordé también que, aunque su visión del mundo y de la vida era la de un cristiano estoico que espera la muerte como la puerta de entrada a la vida eterna, la única y verdadera para él, pocos años después, con el Renacimiento, su visión del tiempo iba a derivar en otros dos tópicos que, desde entonces, llenan gran parte de nuestra filosofía: "carpe diem" y "collige, virgo, rosas". "Vive el momento", "disfruta", "coge, virgen, las rosas, antes de que se marchiten". Y recordé también que, aunque ya hayan pasado ocho años, quedan tantísimos más por vivir, disfrutar, conocer, amar, luchar y pelear, que, sin duda, merece la pena que el tiempo pase, que nos enseñe, que nos engañe, que nos cure y que nos redima. Y, sobre todo, vale la pena que el tiempo nos perdone y que sepamos perdonarlo. ¿Por qué no? Si solo él tiene la capacidad de darnos y quitarnos todo.



No perdamos nada de nuestro tiempo;
quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro.
Jean Paul Sartre

Comentarios

  1. Que buena descripcion del tiempo, me has hecho recordar cosas buenas....
    Sigue así! me encanta!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Un texto que nos hace pensar a todos, y que razón tiene, pena al pensar de tantas cosas buenas que se van con el tiempo, pero a su vez nos ayuda a olvidar todo lo malo vivido.
    El tiempo, tantas veces bueno, y cuantas otras malo...
    Gran texto, a seguir así 😘

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