Mario
Cuando un padre da a su hijo, ambos se ríen; cuando un hijo da a su padre, ambos lloran.
William Shakespeare.
Cuando me miro en su espejo todo me resulta familiar: su cara, sus ojos, sus labios, sus gestos, su ceño frucido...y su personalidad. Tranquilo, independiente, inteligente, sagaz...es como si yo misma hubiese vuelto a nacer...ojalá...
Mario es tan fuerte y tan soñador que pretende alcanzar las estrellas cada noche con solo mirarlas. Se sienta en la terraza y mira hacia arriba diciendo: mira, mamá, ya se está haciendo de noche y van a salir todas...
Recuerdo que cuando nació, no lloró. Como vino al mundo un minuto después que su hermana, salió relajado, como él es. Mirando estrellas.
Comía y dormía como si no fuese un bebé prematuro y en dos días se convirtió en un niño grandote, risueño y muy vivo. Le encantaba dormirse en mis brazos, igual que a mí me encantaba dormirme en los suyos, aunque, para ser francos, dormía más de día que de noche.
A medida que fue creciendo se convirtió en un niño curioso, muy cariñoso y muy especial. Es muy sensible y, en la inocencia de la niñez, a uno no le importa que eso se le note.
Sabe todas la especies de dinosaurios incluso con los ojos cerrados. Con esos ojos y esas pestañas que transmiten a un tiempo amor y pena. Y una vida larga...como si ya hubiese vivido otras o pudiese ver más allá de lo que vemos todos.
Tiene un sexto sentido y mucha intuición...a Mario nunca se le puede engañar o tratar de convencer de algo que él cree que no es así. Antes se dará la media vuelta y se irá.
Cuando no está conmigo, lo que más extraño de él es que se acurruque a mi lado todas las noches y me pida que le acaricie mientras "chuperretea" a su "meco" para dormir. Ese instante me devuelve a los momentos en que era tan pequeño que siempre estaba en mis brazos.
Solo quiero que siga siendo tan decidido y ambicioso como hasta ahora: parece mentira que siendo tan pequeño tenga las ideas tan claras...
William Shakespeare.
Cuando me miro en su espejo todo me resulta familiar: su cara, sus ojos, sus labios, sus gestos, su ceño frucido...y su personalidad. Tranquilo, independiente, inteligente, sagaz...es como si yo misma hubiese vuelto a nacer...ojalá...
Mario es tan fuerte y tan soñador que pretende alcanzar las estrellas cada noche con solo mirarlas. Se sienta en la terraza y mira hacia arriba diciendo: mira, mamá, ya se está haciendo de noche y van a salir todas...
Recuerdo que cuando nació, no lloró. Como vino al mundo un minuto después que su hermana, salió relajado, como él es. Mirando estrellas.
Comía y dormía como si no fuese un bebé prematuro y en dos días se convirtió en un niño grandote, risueño y muy vivo. Le encantaba dormirse en mis brazos, igual que a mí me encantaba dormirme en los suyos, aunque, para ser francos, dormía más de día que de noche.
A medida que fue creciendo se convirtió en un niño curioso, muy cariñoso y muy especial. Es muy sensible y, en la inocencia de la niñez, a uno no le importa que eso se le note.
Sabe todas la especies de dinosaurios incluso con los ojos cerrados. Con esos ojos y esas pestañas que transmiten a un tiempo amor y pena. Y una vida larga...como si ya hubiese vivido otras o pudiese ver más allá de lo que vemos todos.
Tiene un sexto sentido y mucha intuición...a Mario nunca se le puede engañar o tratar de convencer de algo que él cree que no es así. Antes se dará la media vuelta y se irá.
Cuando no está conmigo, lo que más extraño de él es que se acurruque a mi lado todas las noches y me pida que le acaricie mientras "chuperretea" a su "meco" para dormir. Ese instante me devuelve a los momentos en que era tan pequeño que siempre estaba en mis brazos.
Solo quiero que siga siendo tan decidido y ambicioso como hasta ahora: parece mentira que siendo tan pequeño tenga las ideas tan claras...
Que las estrellas, entre otras luces, iluminen tu camino y que sigas escuchándome recitar, cantar y hablar con la misma cara de embeleso con que lo haces ahora cuando los dos somos uno. Una sola persona y un solo alma.
Mario, ojalá nadie te empañe nunca la mirada, nadie te quite la sonrisa y nunca te rompan el corazón ni el alma. Ojalá nadie te engañe, te dañe o te haga llorar. Ojalá nunca puedas entender los significados de las palabras pena, tristeza o dolor. Y ojalá que, si algún día las entiendes, sepas que yo estoy aquí para ti. Porque tú me salvaste a mí tantas veces que, por mucho que tú me necesites a mí, jamás seré capaz de pagarte.
Duerme, mi amor. De la vida ya me ocuparé yo.
Pastora Soler, "Te despertaré".
Mario, ojalá nadie te empañe nunca la mirada, nadie te quite la sonrisa y nunca te rompan el corazón ni el alma. Ojalá nadie te engañe, te dañe o te haga llorar. Ojalá nunca puedas entender los significados de las palabras pena, tristeza o dolor. Y ojalá que, si algún día las entiendes, sepas que yo estoy aquí para ti. Porque tú me salvaste a mí tantas veces que, por mucho que tú me necesites a mí, jamás seré capaz de pagarte.
Duerme, mi amor. De la vida ya me ocuparé yo.
Pastora Soler, "Te despertaré".



Sin palabras...es precioso lo que dices de él y tan igual a ti en todos los sentidos...ojalá nunca nadie le borre su sonrisa...😍😍😍
ResponderEliminar