Regreso a Ítaca
"Ningún hombre o mujer nacido, cobarde o valiente, puede eludir su destino".
Ítaca es una palabra evocadora aún para quien no conoce su significado. Porque produce curiosidad. Uno quiere saber qué es Ítaca. Si es un lugar, un estado de ánimo, una melodía. Y lo cierto es que Ítaca son todas estas cosas a la vez.
Realmente, Ítaca era la patria de Odiseo (Ulises), el protagonista de uno de los poemas épicos más importantes de la historia, "La Odisea". La obra, escrita en torno al siglo VIII a.C. según se cree, narra las aventuras de Ulises desde que sale de su patria para luchar con el ejército griego en la guerra de Troya, hasta que consigue volver, veinte años después y tras haber luchado con multitud de adversidades más allá de la propia guerra en la que iba a combatir.
Así pues, os habréis dado cuenta que todos tenemos una Ítaca: un lugar del que salimos y al que volvemos una y mil veces; un espacio físico que nos recuerda a nuestra infancia o juventud y al que regresamos con el pensamiento; el momento de la vejez y la muerte, que supone ya otro final de camino. Sin embargo, desde el momento en que uno sale de su "Ítaca" sabe que, cuando vuelva, ya nada volverá ser como cuando se fue: No estarán las mismas personas y, si están, no serán iguales, habrán cambiado por el paso de los años, las circunstancias vitales, la enfermedad...habrá cambiado el propio lugar: probablemente ahora lo veamos más pequeño y vacío que cuando nos fuimos, más sencillo, más vulgar...o puede que suceda justamente al contrario, que lo veamos más brillante, más fresco y limpio comparado con otros lugares, más agradable...hasta puede que se haya convertido en un lugar idílico ("locus amoenus") influido más por nuestra propia subjetividad que por otra cosa.
El caso es que el cambio, como le ocurrió a Ulises, habrá obrado en las personas y en los lugares. Cuando el héroe clásico regresó a su hogar, continuaba siendo un hombre audaz y valiente, como cuando se fue, pero ambas virtudes se habían agudizado por su enrevesado viaje a través del mar salpicado de Polifemos, Circes, Calipsos...ni Ulises era el mismo ni quería serlo. Además, al regresar y ver a su esposa, Penélope, y a su hijo, Telémaco, el mismo Ulises percibió que todo y nada había cambiado. Algo se mantenía pero, en el fondo, nada era ya lo mismo.
Supongo que hoy, al volver a Ítaca, ocurrirá algo parecido. Miraré los emblemas del reino y diré: esto sigue exactamente igual. Veré a la misma gente en los mismos lugares y supondré que probablemente siguen ahí desde que me fui. Y también encontraré lugares y personas que ya no están. Que se han ido, que se han "evaporado" por la muerte o por propia voluntad. Y recordaré una vez más este poema que me encanta y que me acompaña siempre, como un talismán, me aleje lo que me aleje de Ítaca:
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Lo escribió el griego Constantino Cavafis y en él, Ítaca representa el ocaso de la vida, el destino al que llegar, el final definitivo. Además, el poeta nos recomienda llegar a Ítaca como Ulises, habiendo vivido todo, luchado contra todo y aprendido de todo. Ya viejos y sabios, como él.
Seamos Ulises y naveguemos porque sólo llegaremos a Ítaca si antes hemos salido de ella y hemos rozado los confines del mundo.
Homero.


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