Triana

"Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada"
Isabel Allende.

Cuando la oí por primera vez supe que pocas veces más en mi vida iba a escuchar algo tan bello y estremecedor. La escuché una cálida noche de primavera rozando la madrugada. Y lloré. Lloré al escucharla como nunca antes había llorado ni de la misma forma. Sentí miedo, casi pánico. Yo no podía respirar por no sé qué de que uno de los dos niños me estaba presionando los pulmones...no era cierto, yo no podía respirar porque la vi a ella. Porque la oí a ella.
Llegó casi a medianoche, una hora que le va como anillo al dedo. Una medianoche del color de sus ojos oscuros, de sus cejas y de sus pestañas. Una noche del color de su pelo. Como diría Fito, sus ojos color "coca cola" y su piel de color canela dejan claro que la genética es poderosa.

Triana tiene una mirada magnética, temperamental, racial. Igual que su personalidad. Es arrolladora y tiene la capacidad de desprender ternura y poderío al mismo tiempo. Nunca duda y nunca tiene miedo. Para ella cualquier cosa es posible.
Es una líder nata aunque todavía no lo sabe. A sus cuatro años, el liderazgo se ve poco y en familia. Pero se ve. Y tiene carisma. Eso es algo con lo que se nace. Y ella ha nacido con ello.

Cuando uno la mira ve que, aunque por fuera no se note, también hay mucho de fragilidad en ella. Es obediente, muy tímida y muy muy habladora. Le encanta jugar a las muñecas y maquillarse. Y ya no digamos andar con tacones...¿costumbres heredadas de otra vida? Quién sabe.

Lo que más me gusta de ella es cómo se queda mirando a la gente cuando se abraza o cuando se dan un beso. Sonríe y se queda quieta. Disfrutando del momento. Y escucha. Parece que no. Pero mira, ve, oye, entiende, asiente...y sonríe.

Desde que ella está aquí, yo he aprendido que lo más importante de la vida es una única cosa: hacerla feliz. Le pese a quien le pese y a costa de lo que sea. Ella es lo único, lo primero.



Lo que nos une es tanto y tan fuerte que es imposible romperlo...por mucho que ella crezca...por mucho que ella o yo cambiemos. La vida nos ha unido para siempre y yo siempre estaré aquí para ella igual que ella siempre estará para mí.

Me preocupa que, cuando crezca, las cosas estén aún peor que ahora...supongo que, como a todas las madres del mundo, me encantaría que no cometiese los mismos errores que yo, que fuese fuerte, valiente, idealista, luchadora...y que se sintiese orgullosa de ser mujer en un mundo de hombres. Me gustaría que le gustase la literatura, el arte, la cultura, la política, viajar, nadar, soñar...igual que a mí. Pero el caso es que tengo claro que lo único que deseo de verdad es que sea ella misma, que sea feliz y que tenga suerte. Quien tiene suerte, lo tiene todo.

Gracias Triana, hija, maestra, amiga, pilar, ancla, vela...siempre juntas, siempre unidas, siempre únicas.

"Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros...son así"
Rubén Darío.

Comentarios

  1. Que bonitas palabras Cris, aunque algunas cosas de ella sabía, otras tantas sólo tú eres capaz de percibirlas a la perfección, una hija ejemplar, y sólo deseo que el día de mañana sea muy muy feliz 😘

    ResponderEliminar
  2. Increíble,tengo los pelos de punta.
    Me ha encantado,cadadia te superas mucho mas

    ResponderEliminar
  3. Increíble,tengo los pelos de punta.
    Me ha encantado,cadadia te superas mucho mas

    ResponderEliminar
  4. Lo mas importante para ella, es que te tiene a ti, por mucho que se renuevan las aguas, te tiene y te tendra, y eso siempre está, y pase lo que pase en su vida, es lo que más pesa. Cómo una madre, NADIE.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares