El camino
Cada individuo del pueblo preferiría morirse antes que mover un dedo en beneficio de los demás. La gente vivía aislada y sólo se preocupaba de sí misma. Y a decir verdad, el individualismo feroz del valle sólo se quebraba las tardes de los domingos, al caer el sol.
¡Qué placer volver a escribir después de tanto tiempo! Lo cierto es que ha sido un "impass" voluntario. Primero, deberes inexcusables. Segundo, unas vacaciones de una semana muy lejos del mundo...o eso me ha parecido a mí. Tercero, otra semana de vacaciones con mis pequeños...y así, una cosa por otra, ha ido pasando el tiempo y casi ni me he acordado del blog...pero ¡aquí estoy de nuevo! Después de tantas vivencias y experiencias. Después de tantos sentimientos encontrados, después de tantos contrastes...vuelvo con tantas ideas en mi cabeza que me va a costar hilar todas.
Quiero hablar de tanta gente, de tantos lugares, de tantas luces y sombras, de tantos mundos...en este "arranque de temporada", después de la saludable desconexión, que creo que voy a hacer una especie de "Camino" de Miguel Delibes o de "Colmena" de Camilo José Cela. ¡Vaya dos obras de arte he ido a mencionar!
Cuando leí "El Camino" estaba en cuarto de ESO. Me daba clase una profesora que, yo diría, que junto a otro "profe" que me dio clase en primero de Bachillerato y del que seguro hablaré en más de un post, fue quien hizo que yo adorase la lengua y, sobre todo, la literatura. Se llamaba Paz. A lo mejor esto le llega en algún momento...no sé nada de su vida, pero quiero darle las gracias. Hay profesores que te marcan porque tú notas cuando estás en sus clases que están ahí felices. Que saben mucho y, además, lo saben transmitir. Lo notas en el propio amor con el que hablan de las obras que te explican, de las oraciones que te corrigen, de los problemas y ejercicios que intentan que comprendas. El caso es que lo sabes. Yo creo que amo tanto "El Camino" por aquella profesora de la que sigo recordando su dulce timbre de voz. Ojalá volviese a verla. Igual que a muchos otros de mis "maestros". Ojalá volviese a verlos para darles las gracias. Ahora los entiendo a todos. Ahora.
En aquel momento leí "El Camino" y me sentí identificada con todos los protagonistas, en especial con Daniel, el Mochuelo, que se tenía que ir del pueblo y dejar a sus amigos cuando, en realidad, quería ser como su padre.
Hoy, al volver a leerlo, he visto mucho más. En cada una de las lecturas veo más. Veo un retrato magistral de la psicología de los pueblos de Castilla. Un retrato magistral de la psicología de sus gentes. Veo a Caín y Abel. Veo a Machado. Veo a un escritor inmortal. Y me veo a mí.
Creo que el triunfo de una novela está en lo capaz que sea de reflejar nuestra imagen. Esta novela es un paradigma del reflejo de una sociedad. La de los pueblos de Castilla en los años 50...y ahora.
Creo que el triunfo de una novela está en lo capaz que sea de reflejar nuestra imagen. Esta novela es un paradigma del reflejo de una sociedad. La de los pueblos de Castilla en los años 50...y ahora.
Recuerdo devorar el libro en muy poco tiempo y hacer el trabajo con el que nos iban a calificar con emoción. Y tener un 10. Porque cuando uno ama lo que hace siempre le sale bien. Y recuerdo leerlo mil veces más todos los años a partir de ese momento. Y ser feliz cuando lo leía. Y llorar. Y acordarme de Paz y de todos los profesores que me dieron clase aquel curso, y antes, y después. Y darles las gracias por ser los arquitectos de mi educación y de buena parte de mi vida. Y también de que me guste viajar y descubrir lugares nuevos, ambientes nuevos, culturas nuevas y gente nueva, por muy peligroso que eso resulte y por mucho que los habitantes de la "Castilla profunda" de los pueblos de Delibes me digan: "no vayas".
Voy, porque he tenido un ejemplo en todos los que me han hablado de lugares y me han explicado que hay vida más allá de la quesería del padre de Daniel, el Mochuelo y de la tienda de "las Guindillas"y de Roque, El Moñigo y Germán, el Tiñoso. Voy porque las vías del "rápido" que silva al salir del valle siempre conducen al futuro.
Los hombres se hacen; las montañas están hechas ya.
El Camino, Miguel Delibes


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