Estuvimos en "la cante"

Como adolescente, estás en la última etapa de tu vida en la que estarás feliz de escuchar que una llamada es para ti.
Fran Lebowitz.


Sé que el post de hoy no tiene nada que ver con la literatura. O sí. Al final, cuando uno escribe, la mayoría de sus experiencias de infancia, juventud...están siempre muy presentes. Y muchos de los que leáis el título de esta entrada os sentiréis identificados. Otros no.
En los últimos dos años de mi vida he conocido a mucha gente nueva y extraordinaria que no sabrá a qué me refiero con "la cante", así que se lo explicaré.

"La cante" o "La cantería" era ese bar del pueblo donde quedábamos para bailar, cantar, y lo que se terciase en plena adolescencia, cuando aún quedaba gente por la zona.
Que me haya acordado de "la cante" esta semana no ha sido casualidad: las fiestas patronales de casi todos los pueblos de alrededor han hecho que viviese, después de unos cuantos años, por cierto, toda aquella alegría de los buenos tiempos de fiestas, viernes por la noche y amigos. Esa emoción de no saber quién vendría esa noche, si verías al chico que te gustaba o no (porque sin móviles era difícil averiguarlo) o si te invitaría a una copa...Eso sí que eran emociones fuertes...
Cuando salías de casa y tu madre te decía: "mucho cuidadito con lo que hacemos...", "no bebas", "no fumes" y un largo etc de noes que, al final, tu solías olvidar.
Salir y llegar a un bar todavía vacío que se iba llenando poco a poco y ver que, de repente, de entre todos los hombres y mujeres que había en el lugar, aparecía uno al que veías como si estuviese bajando del cielo rodeado de luz: el amor de tu vida, el chico perfecto que, para más inri, algunas veces, solo estaba en el pueblo en verano...menudo negocio...Aquella sensación solo se podía comparar con llegar a una playa de Benidorm en pleno mes de agosto y que haya sitios libres...El caso es que tú te imaginabas ya que erais los protagonistas de "El diario de Noa" y que íbais a vivir una historia de amor parecida...y muchas veces ocurría.
Recuerdo sobre todo las noches de verano: primero donde Dani, luego a "la Cante". A veces pasando por "la cafe" y otras no. Lo de "la cante" era un ritual: Llegada, saludo al camarero y a pedir canciones. Hasta que llegaba el amor de tu vida. La noche se alargaba y solías llegar a casa de día y rendido después de una reconstituyente napolitana de chocolate de Tinín. O un carro de magdalenas entero.
El sábado se dedicaba a comentar toda la noche anterior desde por la mañana: no se comentaba una vez sino quinientas. En la notaría, en Caja España, en el parque...y cuando nos hicimos más mayores, en el bar...Y si solo se comentase el sábado... Las noches de los viernes daban para comentarlas un mes. Había que hacerlo por fascículos y, a ser posible, en las clases de Biología de Colmenero.
De las fiestas ya ni hablamos, daban para mucho. Ahí sí que se reunía la flor y nata del entorno rural para las vaquillas, la verbena, la disco-móvil, las peñas, el desayuno mañanero a base de panceta y chorizo...Madre mía...sí que ha pasado tiempo, sí. 
Y, después de esta semana de verbenas y fiestas patronales, de ver a los chavales con cachis de calimocho hasta las tantas...uno piensa: pero qué alegría haber vivido todo eso y recordarlo ahora.

Sé que este post no tiene mucho que ver con la literatura. Pero tiene que ver con la historia y con la intrahistoria. Con la forma de vivir de la gente. Con el carácter, con el primer beso y el primer amor con sabor a canciones de Reincidentes y La Fuga...y con muchas cosas que, o se están perdiendo, o se perderán.

Como ya os dije, yo soy profe y doy clase a adolescentes. A lo mejor eso es lo que me mantiene más unida a esa edad y a esos momentos. El caso es que las orquestas siguen siendo las mismas y las canciones que bailamos, también. La única diferencia que veo es que el móvil ha roto la magia de:¿el hombre de mi vida aparecerá esta noche? Y eso no tiene perdón. Los amores platónicos adolescentes hacen que experimentes algunas de las mejores sensaciones de la vida. Llegar a "la cante" y verlo sin que nadie te hubiese avisado...no tiene precio. Gracias a Dios que siguen existiendo tantas "cantes" como amigos que te digan: "vamos a pedir otra canción".


Este va por ti, Isa. Compañera de fatigas nocturas y diurnas. Maestra del "no rompas más mi pobre corazón" y, sobre todo, amiga. Siempre nos quedarán...Londres, Dusseldorf...y París...¡un día de estos!

Quien no recuerda el sabor del primer beso, no se lo dio a su primer amor.

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