Orgullo y ¿prejuicio?
Sólo estoy dispuesta a actuar de la manera más acorde, en mi opinión, con mi futura felicidad, sin tener en cuenta lo que usted o cualquier otra persona, igualmente ajena a mí, piense.
Que conste que os avisé y hasta ahora he estado muy contenida. Pero llegó el momento. No podía esperar más. Y hoy ha surgido en mi camino la señal definitiva.
Iba yo para Correos a recoger un paquete. Una de esas cosas que desde que compro por Internet hago con cierta frecuencia ("mea culpa") cuando, al pasar por un kiosco, de los de toda la vida, me dio por mirar (también eso lo hago con cierta frecuencia...). De repente apareció delante de mí un libro que me encanta, que he leído mil veces; la última el curso pasado, pero que no tenía en casa. Siempre lo he cogido de las bibliotecas. Intentaba coger prestado, además, el ejemplar más "viejo posible" para creerme que vivía en la Inglaterra pre-victoriana yo también. Y que era Elizabeth Bennet. Sí, señores. Hablo de "Orgullo y Prejuicio", una de mis novelas preferidas. Una de esas obras que yo siempre menciono y que, en parte, me obsesiona un poco.
Lo leí por primera vez en la facultad. Creo que acababa de salir en la pantalla grande una de las muchas versiones cinematográficas del gran clásico de Jane Austen y lo vi. Y cuando lo vi me quedé con ganas de más y quise leerlo. Así que fui a buscarlo y lo cogí en la facultad de Filosofía y Letras, donde yo estudiaba periodismo. Ya sabéis...Me encantó...
"Orgullo y prejuicio" es una gran historia de amor en el más amplio sentido de la palabra. Un perfecto retrato de una sociedad basada en los prejuicios, las relaciones sociales, los matrimonios de conveniencia...la sociedad inglesa de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Una sociedad que está a punto de cambiar para siempre. Y su autora, a mi entender, una escritora única: una mujer escribiendo en un mundo de hombres y que retrata en esta obra tantos caracteres como personajes aparecen: Las cinco hermanas Bennet, a cual más diferente; su irónico padre, que es uno de mis personajes favoritos entre todos aquellos a los que describió Austen; la madre, simplemente única; el inaguantable primo/pariente que llega a dejar claro que la propiedad pasará a sus manos cuando el padre muera porque las hijas son todas mujeres...y él: Mr. Darcy, el hombre apuesto, educado, paradigma de moralidad y rectitud pero demasiado encorsetado en las normas sociales, opuesto completamente a Lizzy Bennet y, claro está, hombre que prejuzga y se equivoca "de cabo a rabo". A pesar de lo estirado que es, al avanzar en la lectura, uno se da cuenta de que tiene un gran corazón, es bueno, generoso, buen amigo, culto, íntegro y...además, es millonario (¡recibía 10.000 libras al año!)
Claro, así, leyéndolo, y viendo, de vez en cuando, adaptaciones de películas, series y miniseries (mi favorita es la miniserie de la BBC con Colin Firth y Jennifer Ehle) caí en el detalle de que yo ya no podía enamorarme más en mi vida (con 20 años o así...¿?) porque me había enamorado de Mr. Darcy. Porque era perfecto. Porque era todo un caballero inglés y, además, rico. Porque se había equivocado al principio pero había sabido rectificar. Y no le daba vergüenza...Por...por todo. Creo que por aquel ideal magnífico di calabazas a algunos chicos en la facultad. Era lógico. No iban vestidos con la típica moda y etiqueta del S.XIX, hablaban de forma muy actual y no me hacían reverencias para saludarme...¡qué descaro!
La literatura ha tomado este arquetipo de hombre en muchas obras y, en próximos post, hablaré de algunos de esos mitos masculinos...pero Jane Austen creó a un hombre tan perfecto que hasta soportaba a Bridget Jones...(el personaje de Mark Darcy de "El diario de Bridget Jones" está basado en el Darcy de Austen) y que, según yo he podido saber por fuentes muy fiables, no existe. Lástima. Hasta yo me trasladaría a la Inglaterra pre-victoriana por él (a través de las piedras, a lo "Outlander") para vivir en Pemberly.
No podría ser feliz con un hombre cuyo gusto no coincidiera punto por punto con el mío. Él debe penetrar todos mis sentimientos; a ambos nos deben encantar los mismos libros, la misma música...
Jane Austen.


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