Una terraza y un café...por Fran Fernández.

Ya le dije a Fran en una ocasión que tenía aquí su pequeño espacio para escribir y asomarse al mundo de las maravillas...y aquí está de nuevo, después de unas semanas frenéticas de incertidumbre, en un día festivo en el que España no se ha levantado de la cama todavía.
ENHORABUENA FRAN, POR TU NUEVO ESTATUS. TE LO MERECES.
COMO SIEMPRE, LEERTE ES TODO UN PLACER.
Y gracias por el homenaje a mi "Ítaca" de hace unas semanas. Sin palabras.

“Usted sabe 
que puede contar 
conmigo, 
no hasta dos 
o hasta diez, 
sino contar 
conmigo"

¡Qué importante es tener siempre cerca alguien con quien contar! Alguien con quien poder pasar el rato hablando de nada y de todo a la vez. Ese amigo con el que te crees capaz de salvar al mundo de cualquier peligro, aunque luego no seas capaz ni de salvarte a ti mismo. Aquel con el que puedes acabar perdiéndote en cualquier callejón oscuro.

Para mí, este verano de 2018 será siempre especial. Será aquel verano en que (por fin) conseguí un objetivo que llevaba tiempo esperando. Es bonito conseguir una meta tras invertir mucho esfuerzo y tiempo (y dinero). Ese esfuerzo se ve recompensado y te sientes tan bien por ello…

También son días en los que te das cuenta de que el objetivo logrado se celebra mejor si es con tu gente cerca. Quedas a tomar un café o una cerveza y charlas un rato sobre lo que acabas de lograr, sin importar ni qué hora es ni cuánto tiempo llevas hablando. Y disfrutas, y presumes satisfecho de lo que acabas de lograr. Y hablas de nada. Y de todo.

Y llamas a aquellos a los que hace tiempo que no llamas. ¿Por qué? Porque es con ellos con quien quieres compartir tu gran momento, aunque haga mucho tiempo que no hablas con ellos. El tiempo no es barrera suficiente para perder el contacto con determinadas personas.

El caso es que llega un momento en que te paras a pensar y a echar cuentas. Y eres consciente de toda la gente que has ido conociendo (y, sin querer, dejando por el camino). Amigos del instituto (¿qué fue de ellos?), de la Universidad (¿dónde estarán?), de los primeros años de trabajo (¿siguen siendo los mismos?) y de tantos y tantos destinos que acabas recorriendo.

El paso del tiempo es cruel y, en ocasiones, hace que vayamos perdiendo recuerdos (y personas) conforme vamos forjando nuevos. Como le pasó a Bastian Baltasar Bux cuando viajó por el infinito reino de Fantasía, aquella vez en la que con cada deseo olvidaba algo de su mundo real.

Precisamente, ahora que por fin he conseguido llegar a mi pequeña Ítaca me gusta recordar a aquellos lestrigones, cíclopes y poseidones que encontré en cada uno de los puertos que recorrí. Y también a aquellas personas a las que durante días, semanas o meses me aferré. Y, mirando al pasado, soy consciente de que no tengo la más remota idea de dónde estará el puerto de mi nueva Ítaca, ni de cuándo llegaré a ella, ni de qué peligros enfrentaré para alcanzarla.

Sin embargo, sé que en esa futura Ítaca tendré una tabla a la que agarrarme. Y sabré con quién puedo contar y quién puede contar conmigo. No sé si hasta dos o hasta diez. Simplemente contar.

“Quiero decir contar 
aunque sea hasta dos, 
aunque sea hasta cinco. 
No ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio, 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo”.
Mario Benedetti.

Comentarios

  1. Me ha encantado cris,que razon tiene tus palabras!!!

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    1. Esta vez es un amigo quien ha colaborado. Pero es bueno tener amigos así. Mil gracias.

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  2. Me ha encantado cris,que razon tiene tus palabras!!!

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