El extraño caso de...
"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”
Fiedrich Nietzsche, filósofo.
Desde que tenemos uso de razón, los hombres conocemos la existencia del bien y del mal. Se supone que, desde que somos unos niños, nuestros padres intentan enseñarnos que existen buenas y malas acciones, buenas y malas personas, buenas y malas palabras...sin embargo yo siempre he pensado que una persona no puede ser cien por cien buena o cien por cien mala. Que hay una parte oscura en la inmensa mayoría de la gente que, por convenciones sociales y por las leyes o el orden establecido, se intenta ocultar y mantener reprimida. Creo que es de ilusos pensar que hay gente completamente buena y gente completamente mala, aunque todos nosotros conozcamos ciertos casos en los que la parte mala apenas existe y también, por desgracia, casos en que ocurre lo contrario.
Este es precisamente el argumento de "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" de Robert Louis Stevenson, un escritor escocés que tocó la narrativa, la poesía y el ensayo. Seguro que la mayoría lo conocéis por ser el autor de "La isla del tesoro", una novela de aventuras y piratas que hemos leído desde que estábamos en el colegio. No tantos vinculan, sin embargo, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde a este escritor. Porque esta obra tiene un trasfondo mucho más complejo. Trata de un tema eterno y universal que los antiguos y actuales filósofos siempre han intentado desentrañar: ¿existen el bien y el mal en el mundo, como tal? ¿o todos tenemos dos partes; una buena y una mala y, a través del libre albedrío, podemos elegir con cuál quedarnos? Es bastante enrevesado, lo reconozco, pero fue uno de los temas más recurrentes del Romanticismo literario en la Inglaterra victoriana: Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Dorian Gray, Frankenstein, Drácula...obras con influencias góticas, en cierto modo oscurantistas, donde se presentan la idea del bien y del mal, no como fuerzas externas, sino como fuerzas que conviven y luchan interiormente dentro de un mismo ser. Un ser que, por alguna razón, cae en el lado oscuro en algunos momentos o para siempre.
He conocido en mi vida personas con una fuerte dicotomía interna, otras muy buenas y, por desgracia y en menor medida, algunas muy malas. Y he podido observar que estas últimas, alimentadas como el personaje de Bram Stoker, de la "sangre ajena", consiguen imponerse a todo y a todos y, de una u otra manera, salir indemnes y seguir causando sufrimiento a la gente durante toda su vida. Seres que no reconocen muchas veces lazos de sangre, amistad, cercanía o afecto con nadie y que, basando su existencia en una apariencia afable, cometen después las peores atrocidades, igual que hacía Mr. Hyde oculto bajo el carácter tranquilo y agradable del Dr. Jekyll.
Desde luego las apariencias engañan...ojalá pudiésemos ver, detrás de la fachada y el saludo amable, la verdadera personalidad de la gente. Pero es imposible. Cuando la vemos, normalmente ya es tarde. A veces los daños son reparables y otras veces, no. No obstante, una vez que uno consigue librarse de un Mr. Hyde, casi siempre aprende a salir también de su radar y a reconocer casos parecidos, cosa bastante tranquilizadora. Y es que lo importante no es saber que existen el bien y el mal. Lo importante es saber reconocer dónde se encuentran. Y no descartéis ningún lugar. A veces están más cerca de lo que creemos.
“Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.”
Jacinto Benavente, escritor.



Verdad verdadera. Las personas no son (somos) blancas o negras. La realidad es una compleja gama de grises que se acerca más a los extremos según las circunstancias, el contexto, las convenciones sociales.
ResponderEliminarMuy buena entrada, como siempre.
Un beso.
Silvia
Gracias Silvia!!!
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