Preludio
Antes de embarcarse en un viaje de venganza, cave dos tumbas.
Confucio, filósofo.
Salió de casa y escuchó a los pájaros cantando y percibió el olor a tierra mojada que tanto le gustaba. Eran las nueve de la noche y, horas antes, una tormenta había oscurecido el cielo. A pesar de ser el mes de julio, el ambiente estaba cargado, había mucha humedad y muy poco ruido.
¿Hace cuánto tiempo que no andaba por allí? ¿Diez, quince años? No era capaz de recordarlo. Su mente había borrado todo lo que tenía que ver con ese lugar. Con esa gente.
Comenzó a caminar en dirección a la casa mientras en su cabeza resonaban palabras inconexas, voces, sonrisas, sensación de angustia y de ahogo...
-No vayas. No lo hagas.
-Nosotros iremos. ¿Por qué quieres estar allí? ¿Qué ganas con eso?
-Solo quiero verlo. Verlo con mis propios ojos. Ver que es verdad.
Los zapatos tenían demasiado tacón pero eran los únicos de color rojo que había encontrado de su número y le resultaban incómodos.
-A estas alturas ya no queda nada decente, pensó.
A medida que se acercaba a aquella calle escuchaba más ruido. Parecían risas...murmullos, en general.
-¿Por qué narices la habrán dejado aquí? Me imaginaba un lugar distinto, como las otras veces...hablaba en voz alta porque no había nadie todavía en esa zona.
Poco a poco se aproximó a la puerta. Había algunas personas pero no muchas. Algunos hablaban en corros y otros se reían, fumaban...Cuando la vieron se callaron inmediatamente. Uno de ellos entró dentro. Los demás permanecieron quietos, sin moverse y alguno, incluso, saludó.
Sin detenerse siguió hacia adelante, subió unos peldaños y cruzó el umbral de la puerta.
Todo seguía igual. Prácticamente nada había cambiado. Se paró unos segundos antes de continuar...¿Realmente quería estar allí? Sabía que la respuesta era "no" pero había algo en su interior...un punto de venganza que no podía dejar pasar.
Aprovechó que nadie la miraba y subió las escaleras. En el piso de arriba todo estaba exactamente igual. ¿Tantos años y ningún cambio? Observó las habitaciones, el cuarto de baño...todo idéntico. Parecía que estaba limpio pero en realidad no era así...
-¿Cuánto hará que nadie ordena o limpia esto?, dijo.
-¿Cuánto hará que nadie ordena o limpia esto?, dijo.
No quiso detenerse más. Surgieron en su cabeza recuerdos que creía olvidados desde hacía siglos y, de repente, vio aquella cara en la fotografía. Eva.
Al recordar por qué estaba allí bajó de nuevo las escaleras dispuesta a entrar en el salón.
La estancia era grande. A un lado, la zona de estar. Al otro, el comedor. Sobre la mesa, una bandeja con pastas de té y algún refresco, ya caliente. Miró a su alrededor y vio a algunos conocidos. La miraron de arriba a abajo, como si no supiesen quién era. Lógico. Hacía tanto...El resto no la sonaban de nada.
La estancia era grande. A un lado, la zona de estar. Al otro, el comedor. Sobre la mesa, una bandeja con pastas de té y algún refresco, ya caliente. Miró a su alrededor y vio a algunos conocidos. La miraron de arriba a abajo, como si no supiesen quién era. Lógico. Hacía tanto...El resto no la sonaban de nada.
De repente escuchó una voz familiar:
-¿Mamá? ¿Qué haces? Te dijimos que no vinieses.
-Ya lo sé. Pero esto tenéis que entenderlo. Ya sabíais que vendría de todos modos.
La razón por la que estaba allí apareció delante de ella y un escalofrío la recorrió. Eva. Su cuerpo permanecía inmóvil; con los ojos cerrados y las manos cruzadas. Cuánto miedo en otro tiempo...y cuánta indiferencia ahora.
Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza y el único perdón.
Jorge Luis Borges, escritor.



Muy bueno cris, me ha enganchado y tenido en vilo todo el rato
ResponderEliminarMuchas gracias! Continuará...
ResponderEliminarSi que engancha si, un buen comienzo.
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