Ver, oír y...escribir

“Las letras y los dibujos eran hermanos de padre y madre: el padre, el lápiz afilado y la madre, la imaginación.” 
Carmen Martín Gaite, escritora.

Todo aquello que está escrito, se lee. Perdura. Permanece. Más o menos ajado y deteriorado por el tiempo. Pero ahí está. Y aquello que solo se dice, se va con el viento. Al cabo de segundos, desaparece. Nunca se ha dicho. Nunca ha existido.
A veces, queda grabado a fuego en nuestra cabeza. No podemos obviarlo ni olvidarlo. Queda incluso como una sensación a nivel corporal, conectada con nuestro más profundo fuero interno. Pero nuestro cerebro no es infalible y, para sobrevivir, también tiene que olvidar. De no ser así, probablemente, muchos de nosotros, con cientos de experiencias guardadas en nuestra psique, ya no podríamos continuar almacenando recuerdos. Por eso escribir es sanador, liberador, necesario. 

Escribir es algo así como cortar y pegar archivos del ordenador a un disco duro externo. Hacer copia de seguridad. Asegurarnos de que nada se pierde. De que aunque uno de esos virus aniquiladores contamine nuestro PC, todo está a buen recaudo en mil y una historias escritas. En mil y un discos duros externos.
Escribir reconforta, da ánimo, vida. Hace que llores mientras escribes, mientras sacas hacia fuera todo lo que tienes en miles de post-its desordenados dentro de tu cabeza. Al escribir pasas a limpio, a un folio en blanco, todo lo que estaba mezclado y era caos. Y lo ordenas. Y entonces tu cerebro lo borra. Tu cabeza y tu cuerpo y tu corazón prosiguen, sin tanta información innecesaria que ya está guardada en otra parte.



Para mí escribir constituye una parte más de la rutina. Desde siempre. Creo que no hay ni un solo día, sobre todo durante el curso, en el que no escriba algo. Lo que me ha ocurrido, en un diario. Una reflexión. Una anécdota de clase en mi agenda. Un número de teléfono. Un nombre. Y cada día más. Tantas veces me he arrepentido de no dejar constancia de algo en alguna parte. De no dejar las cosas por escrito...Que ahora ya no dudo. Escribo. Veo. Oigo. Escribo.

Cuando comencé este blog quería experimentar algo nuevo: escribir para alguien que me leyese. Poca o mucha gente. Nunca antes había escrito para nadie. Lo hacía para mí misma. Para mis seres queridos. Para sacar cosas y guardarlas en el disco duro. Y escribir para los demás fue una gran experiencia. Enriquecedora y gratificante.

Volver al blog significa muchísimo para mí. Significa seguir manteniendo mi esencia. Mirar a mi alrededor con curiosidad. Observar. Vivir. Y luego plasmar prácticamente todo lo vivido en este pequeño espacio donde, quien más, quien menos, se identificará con una, dos o cientos de cosas.
Poder escribir es ser libre. Escribir de lo que a uno le de la gana, más libre aún. Pero lo que de verdad representa la libertad absoluta es VIVIR, así, con mayúsculas, para luego ESCRIBIR.


“Debes ver la cara de la muerte para empezar a escribir seriamente.” 
Carlos Fuentes, escritor.

Comentarios

  1. Me encanta, como siempre.
    gracias por seguir escribiendo y por compartirlo con los demás.

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