San Valentín y los románticos

Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella
José Ortega y Gasset, filósofo y ensayista español.


Sé de mucha gente que celebra el día de San Valentín como si le fuera la vida en ello. Y sé de más gente aún que no lo celebra. Gente que asegura rebelarse contra el consumismo exagerado, cada vez más presente en fechas como esta. 

Pues a mí San Valentín me gusta. Me parece una fecha preciosa. Aunque no sé bien por qué. Creo que nunca lo he celebrado. Y creo que es por lo que decía el filósofo Ortega y Gasset en la cita que abre este post: He venido al mundo a amar a un solo hombre y, por lo tanto, ni de momento lo he encontrado ni es probable que lo encuentre. Los románticos somos así. No lo podemos evitar.
Un romántico de manual sabe que nunca estará locamente enamorado y que, si alguna vez lo está, dejará de estarlo en pos de otro amor imposible casi enseguida. Mutatis mutandis. Porque el romántico sabe que la magia del amor platónico desaparece cuando este deja de serlo y, por desgracia, en la actualidad, un "crush" caduca pronto. Dejad que utilice esta palabra a la que mis alumnos aluden constantemente y que a mí tanto me gusta. "Crush" es el amor platónico de toda la vida, versión 5.0. El alumno de 2º de Bachillerato del que tú te enamoraste cuando, ya apuntando maneras de romántica, estabas en 2º de ESO. Y no me digáis que no teníais uno o varios. Cómo voy a dejar de celebrar San Valentín, es imposible.
Ahora bien, hay algo que a un romántico le gusta mucho más aún que un amor platónico y que es lo único que puede hacerle renegar de San Valentín: su libertad. Un verdadero romántico ama, por encima de todo, su propia individualidad. El no estar atado a nadie. Y suele ocurrir que, cuando lo está, algo ocurre en lo más profundo de su ser que le hace querer dejar de estarlo. Huir. Salir corriendo. Irse a navegar cual pirata de Espronceda aunque se maree incluso en un crucero...Un romántico nunca tiene lo que quiere. Ni quiere lo que tiene. Es un inconformista total. Un quiero pero no quiero. Un "me apetece estar con alguien" pero "cómo me ahogo ahora que vivo contigo...".



Sí, señor. Ese es el verdadero romántico. Ya no vive en el S.XIX y tiene un rey que se llama Felipe VI y no Isabel II. No le atan ni personas ni personajes. Solo sus pasiones. Y...a veces. Y tarda un tiempo en darse cuenta de que es un romántico, de que con él o ella no van las convenciones sociales. Pero hay una prueba de fuego con la que el diagnóstico de un romántico no falla: Cuando quieres cerrar la puerta de tu casa, salir corriendo y no volver cuando ves amenazada tu libertad. 


Si tú, como yo, eres un romántico, corre ahora. Nunca esperes. El mundo es infinito y nadie puede atarte.



Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado
Groucho Marx, actor estadounidense.

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