Estado de alarma

En completa soledad, un escritor trata de explicar lo inexplicable. 
John Steinbeck, escritor estadounidense.

Hace exactamente seis años yo estaba también confinada en una casa. No la podría llamar hogar, pero era una casa. No lo recordaba hasta que ayer una compañera compartió unas palabras relacionadas con el aislamiento y yo lo rescaté, perdido, en un rincón de mi memoria. No sé cómo, hasta ahora no había sido consciente. Pues sí. Hace seis años exactos yo estaba aislada, encerrada y en reposo absoluto por mi embarazo gemelar de riesgo. Y no solo eso. No podía moverme ni dentro de mi propia casa porque el reposo exige no levantarse casi de la cama. Sin poder, si quiera, durante un tiempo, bajar las escaleras hacia la planta de abajo. Solo en la planta de arriba: habitación, salón, baño. Sin redes sociales. Con alguna visita amiga, poco más. Esa era mi única realidad. Sola la mayor parte del tiempo.Y estuve así, no quince días, ni un mes, ni dos...estuve así desde finales de noviembre hasta finales de marzo, cuando nacieron mis hijos, y luego los cinco meses de la baja maternal, en los que la crianza en el posparto hacía imposible llevar una vida normal y apenas podía salir.


Es cierto. A nivel personal, individual, hemos estado en situaciones peores muchos de nosotros. Aunque no nos acordemos.Yo recuerdo aquellos meses sin moverme con horror, ahora mismo. Y, sin embargo, no me asusta tanto quedarme en casa y en aislamiento ahora. ¿Por qué? Las circunstancias son más graves en estos momentos para el país, para la sociedad, para el mundo. Pero para mí, aquello era mucho peor...estaba en juego la vida de mis hijos, la mía propia...y yo me sentía en un lugar extraño, temible, frío...En un limbo donde no podía hacer ni decir nada. En un estado de alarma permanente.
Ahora es diferente: salgo al balcón y puedo respirar y tengo una familia y un hogar. Compro lo imprescindible cada tres o cuatro días. Bajo a mi mascota. Me siento protegida y a salvo dentro de las cuatro paredes de mi casa. Bailo, canto, trabajo, corrijo, juego con mis hijos...

El hecho de recordar todo esto me ha hecho relativizar las circunstancias en las que nos encontramos. Parece un drama que no podamos salir de casa más que a lo imprescindible durante un tiempo que, creo que todos lo sabemos, será mucho mayor de quince días. Y es verdad, no es ninguna tontería no poder ver, abrazar, besar a quienes amamos y tienen que estar también dentro de sus casas. Pero, ¿Quién no ha pasado por cosas más duras que esta?¿Por momentos peores?¿Quién no se ha sentido encerrado?¿Quién no ha querido salir corriendo de un lugar y no ha podido? ¿Quién no ha estado en un estado de alarma antes y sin ninguna necesidad? Que tire la primera piedra. 

El momento más solitario en la vida de alguien es cuando ve cómo su mundo se desmorona, y todo lo que puede hacer es mirar fijamente.
F. Scott Fitzgerald, escritor estadounidense.

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