Ignorancia, dame la cura exacta de la pandemia
Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.
Os pido perdón de antemano. Como solo sé que no sé nada (Sócrates) me he puesto frente al ordenador para escribir sin tener ni idea de lo que escribo. Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas (Albert Einstein). Yo, por ejemplo, ignoro cuándo retomaremos las clases en las aulas el próximo curso pero no ignoro que no las retomaremos este año. Y, también sé, que mis alumnos responderán exactamente igual dentro del instituto que dentro del universo digital en el que daremos clase el próximo trimestre. Desde el salón de su casa, vamos.
Y, además y por desgracia, ignoro también la cura para las dos pandemias de los tiempos presentes: el Covid-19 y la ignorancia supina. Pero, ¿cómo puedo ignorar tal cosa si el 80% de mis compatriotas lo saben? A ver, dejadme pensar porque no me salen las cuentas: el 70% de la gente que conozco habría sabido gestionar esta crisis mejor que en China (que ya es decir...) pero, por otro lado, no entiendo cómo esa gente se dedica desde que tiene veinte años a "sus labores", en lugar de estar investigando en un laboratorio de alta seguridad, formando parte de la administración Trump o trabajando en la OMS. Si es que soy una ignorante. Y la ignorancia es la carga más pesada, pero quien la lleva, no lo siente (Valeriu Butulescu).
He oído bastantes veces que es ignorancia no saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no la necesita (Aristóteles), sin embargo, no lo había podido comprobar hasta ahora, coronavirus mediante.
Qué grandes filósofos, abogados, políticos, estadistas, médicos, epidemiólogos, literatos, estafadores...se está perdiendo nuestra sociedad...y ahora, más. Recluídas en sus casas, estas pobres almas no pueden demostrar al mundo su verdadero valor más allá de las redes sociales. Por Dios, ¡qué clase de barbaridad es esta! Si Baltasar Gracián levantara la cabeza. Un hombre tan poco digno de la sociedad actual decía que el primer paso de la ignorancia es presumir de saber. Qué cosas tenía Gracián. Y es que, mientras el ignorante tiene valor y el sabio, miedo (Alberto Moravia), los ignorantes están en estos tiempos modernos, pegados a las pantallas de su móvil/iphone, de su tablet/ipad o de su ordenador/mac poniendo a caer de un burro a un sector de la población que, estas semanas, dudo mucho que esté durmiendo o tenga tiempo para comer. Pero, oye, que si los dejaran salir del confinamiento, ellos lo harían mucho mejor.
¿Cómo son tan analfabetos los líderes del mundo libre, por favor, mientra yo, licenciado/a en mis labores por la universidad hispana de mi casa, tengo la solución a todos los problemas, hice una previsión cuando surgió el primer caso en Wuhan y nadie me escuchó? Ah, sí, porque lo peor de la ignorancia es que, a medida que se prolonga, adquiere confianza. No me canso de repetirlo, cuánto conocimiento de biología, química, geoestrategia...se está perdiendo el mundo. El único consuelo que me queda es pensar en Aldoux Huxley, visionario como pocos, (para alguno de los doctos que están mirando estas líneas, leed Un mundo feliz, por piedad) y en su cita: En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.
Gurús de la geopolítica mundial, de las relaciones internacionales, de las enfermedades infecciosas producidas por virus, bacterias y protozoos. Iluminados del mundo económico que adquiristeis el título pagando porque vuestros conocimientos, nivel selectividad, eran bastante limitados. Juristas que consideráis inconstitucional el estado de alarma pero muy constitucional discriminar a la gente por su raza, sexo o religión. Salid ya del ostracismo en que os ha tenido esta sociedad tan ignorante y arreglad este lío. Aunque solo sea porque hoy es Domingo de Ramos y, como diría Dios Tuitero, este año cumple 34.
Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver.



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