No sin Escarlata
La historia no es más que el registro de los crímenes y de las desgracias.
Voltaire, filósofo francés.
Yo no quiero borrar la historia. Yo quiero conocerla. Si la borrásemos, estaríamos condenados a repetirla. Y no han ocurrido en el pasado cosas tan maravillosas, históricamente hablando, como para que el ser humano pueda permitirse el lujo de repetirlas. Más bien al contrario.
Al leer el otro día que HBO retiraba de su catálogo de películas "Lo que el viento se llevó" por racista, pensé que era un "fake". Luego entré en la noticia y lo miré todo con más calma. No entendí nada.
Cuando explico literatura en mis clases, siempre hablo primero del contexto histórico y examino sobre ello. Mis alumnos ponen el grito en el cielo, claro está, porque dicen que ellos ya tienen la asignatura de historia y que no saben por qué hay que estudiar historia en lengua castellana y literatura. Muy fácil- les respondo. No podemos entender la literatura sin entender el contexto en el que una determinada novela, poema u obra de teatro fue escrita. Porque todo lo que ocurre a nuestro alrededor en un momento concreto influye en todo lo demás: en lo que escribimos, sobre lo que pintamos o sobre los guiones de las películas o series de televisión.
Y les digo que se trasladen a ese momento concreto y a ese país exacto para entender una obra y que la miren (o al menos lo intenten) con los ojos de un hombre o mujer de ese momento y no con sus propios ojos.
"Lo que el viento se llevó", aunque no todo el mundo lo sepa, no es solo una película, que también. Es el retrato de un tiempo convulso en los Estados Unidos de América retratado por la escritora y periodista Margaret Mitchell. Es esta novela, con algunas adaptaciones de guion, como es normal, la que llevó a la pantalla grande Victor Fleming en el año 1939. Y en esa novela, a parte de aparecer las circunstancias sociales, políticas y culturales de un país en un momento concreto de su historia, también aparece, a mi entender, uno de los personajes más feministas de la historia de la literatura y, por ende, de la historia del cine: Scarlett O´Hara.
Creo firmemente que Scarlett O´Hara es esa mujer feminista e inspiradora en el más amplio sentido de la palabra. No se achanta ante nada ni ante nadie (sean hombres o mujeres). Es valiente, bragada, emprendedora, autónoma, independiente, trabajadora y decidida y, sobre todo, relativiza muy bien todo lo que le ocurre. Y hace lo que le da "la puñetera gana", casada, soltera o viuda.
A ratos parece frívola pero, a mi modo de ver, no lo es. Y esas palabras con las que ella misma cierra la película. Qué decir. Enormes. ("Ahora no puedo pensar. Ya lo pensaré mañana. Realmente, mañana será otro día"). Esas palabras son su propia esencia. ¡Yo las he repetido tantas veces en mi vida! Han sido y son uno de mis mantras, cinéfila y melómana empedernida como soy.
Me niego a que me quiten a mi "Escarlata". Casi un anacronismo dentro de su época, más aún si la presentamos, como en la película, al lado de mujeres que "tragan con todo" como cualquiera de sus hermanas o la siempre dulce Melanie.
Todos los libros, películas, novelas, series de televisión...son el reflejo de la personalidad de quien las escribió y del momento en que le tocó vivir. Hay obras de la historia de la literatura que da igual cuándo las leas. Siempre tendrán vigencia. Leer a Jovellanos, Cadalso, Antonio Machado, en lo que a España se refiere, sería un ejemplo.
Sin embargo, hay otras que, digamoslo de esta manera, han envejecido peor porque la sociedad, desde que se escribieron, ha evolucionado enormemente, por suerte. Pero eso no quiere decir que sean racistas, xenófobas o misóginas ahora. Simplemente, eran el retrato de un momento. Una foto fija. Un punto en el enorme universo de la existencia humana que ahora nos traslada a otros lugares y a otros tiempos.
Sin embargo, hay otras que, digamoslo de esta manera, han envejecido peor porque la sociedad, desde que se escribieron, ha evolucionado enormemente, por suerte. Pero eso no quiere decir que sean racistas, xenófobas o misóginas ahora. Simplemente, eran el retrato de un momento. Una foto fija. Un punto en el enorme universo de la existencia humana que ahora nos traslada a otros lugares y a otros tiempos.
Obras y tiempos para conocer y observar, trasladándonos a ellos pero nunca juzgándolos desde el presente. Eso sería tan irracional como esos hechos del pasado que ahora nos horrorizan y que jamás quisiéramos que se repitiesen.
La historia no se puede ni se debe obviar. La historia es lo que es, por muy desagradables que sean algunos de sus episodios. Y el pasado no se puede cambiar. Ya quisiéramos muchos. O no. Porque entonces ya no seríamos los mismos y eso también tendría sus riesgos.
La historia es cuestión de supervivencia. Si no tuviéramos pasado, estaríamos desprovistos de la impresión que define a nuestro ser.
Robert Burns, poeta escocés.


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