Dolce far niente
Hay mucha gente que cuando ha de hacer algo, hace algo; aunque no sea exactamente lo que ha de hacer.
Noel Clarasó, escritor español.
Hoy la inspiración me ha pillado en la cocina. Ha llegado así, sin avisar. Estaba yo tomándome un café solo y sin azúcar, ni edulcorantes, ni nada. Cien por cien ecológico. Arábica. Con su fantástico amargor...Y, de repente y sin esperarlas, plaff, han entrado en mi cocina Clío (musa de la historia y las grandes epopeyas) y, justo por detrás de ella, Talía (musa de la comedia). A mí me pareció muy raro que vinieran las dos juntas, pero así lo dejé.
Sin más, les di los buenos días y ellas se sentaron a mi lado y empezaron a observarme, como casi siempre. Quizá porque ellas me observaban, yo, curiosa, también empecé a observarme a mí misma.
Vi a una mujer de 35 años que madruga en sábado (siempre me despierto los sábados antes incluso que de lunes a viernes, tragedias de la vida), sentada en la mesa de la cocina con el ordenador encendido, leyendo las noticias. Tenía muchas ventanas abiertas a la vez con distintos diarios de tirada nacional mezclados con otras dos de revistas de moda. Hala ahí, miscelánea.
A un lado del ordenador, una taza de café, como ya he dicho. Muy caliente. Hirviendo. Pero es que eso no era todo: Había también sonidos distintos alrededor. Al maravilloso sonido de los vecinos levantando las persianas, dos horas más tarde que yo, que para eso es sábado, se le unían el de mi lavadora, un maravilloso ejemplar de los 90 que ya estaba aquí cuando yo llegué, y otro ruido que me encanta, el de más café haciéndose en la vitrocerámica en una cafetera italiana de lo más simple. Yo soy así. No me van las cápsulas. Tiene que ser café a la italiana. Como debería ser todo si fuese posible.
Seguí observando en derredor (como en el villancico) y aprecié también olores, claro. Sinestesia profunda. Todo mezclado. Olía a café, por supuesto, porque había dos focos distintos. Y también a detergente y suavizante de la lavadora. Extasiada por tantas acciones, olores y ruidos juntos, quedé paralizada un momento muy muy breve pero, entonces, di un respingo y volví a la vida. Clío y Talía seguían mirándome sin hablar. Pero yo sí que les hablé y les dije: Voy a cerrar ya las ventanas y a hacer la cama, que lo tengo todo abierto (Modo maruja de sábado sin niños ON). Bueno, primero voy a escribir un whatsapp que quedé en mandar ayer y se me había pasado y a mandar un mail para retrasar una reunión por Zoom que tenía el martes a las 18:00, a ver si me lo ponen un poco antes porque a esa hora la niña tiene ballet.
Fue exactamente ahí cuando Talía, musa de la comedia, se empezó a descojonar de risa y Clío, diosa de la historia y las grandes epopeyas, se echó a llorar. Y, claramente, yo aluciné y pregunté que qué pasaba. - ¿No lo ves?- me dijeron. En ningún momento de tu vida haces las cosas de una en una o, como mucho de dos en dos. Intentas hacer cien cosas a la vez, encaje de bolillos para, ya que hago esto, hacer también esto otro. Mientras se hace el café, preparo una clase, o dos o siete. En lo que los niños están en el cole, voy al médico, me hago análisis, llamo por teléfono para que me den cita en el pediatra. Y, ya que bajo al perro, voy a tirar la basura y sacar dinero en el cajero porque luego tengo que ir a hacer la compra.
Claro, así tan gráfico me lo explicaron, que lo entendí a la primera. Aunque no hubiese querido yo entenderlo tan rápido porque eso conllevaba que, a parte de hacer todas esas cosas, que me habían enumerado las musas, al mismo tiempo, también pensaba. Daba vueltas a la cabeza. Me preocupaba por ciertas cuestiones.Y, por una vez, me percaté de que eso no es algo bueno. Que no es que no sea bueno. Es que además, es malo. Muy malo.
- Ya lo sé.- les dije a las musas. Con la moda del mindfulness, parece que los modernos han descubierto las Indias. Sin embargo, no nos engañemos, si eres mujer y madre, lo tienes un poco complicado para meditar y centrarte en el aquí y ahora, por mucho que lo intentes. Ni siquiera cuando tus hijos no están porque es precisamente ahí cuando tienes que hacer todo lo que con ellos es imposible sacar adelante.
Entonces ellas, me volvieron a interpelar: - Mira, guapa. Este finde sin niños, haz una sola cosa. NADA. Bueno, sí, escribe un poco, que para eso estamos aquí. Aunque si no nos invitas a un café, que ya está hecho, ya nos vamos.
Y así, sin más, desaparecieron. Y yo me quedé sin hacer nada. Tranquila. En paz. Saboreando mi café, que ya estaba a una temperatura en consonancia con no abrasarme la lengua. Y pensé en italiano: "Dolce far niente". Joder. Si es que cómo me gusta todo lo italiano.
No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana.
Fernando Pessoa, poeta portugués.



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