MADRES Y...MADRES
Madre es un verbo. Es algo que haces, no algo que eres.
Dorothy Canfield Fisher.
Ay, las madres...tenía pendiente escribir este artículo desde hace mucho tiempo. Pero, claro, soy madre, y tiempo, precisamente, es lo que no tengo. Hasta hoy, día en que he recordado que mañana, 26 de julio, se celebra el día de Santa Ana, madre de la Virgen María, y me he puesto a pensar en madres y "sagradas familias". Y aquí, como en casi todo, cada mujer es un mundo y, por lo mismo, no conviene generalizar.
Ahora bien, si una idea comparto con Napoleón Bonaparte, es que "el porvenir de un hijo es siempre obra de su madre". Para bien o para mal. Porque la personalidad de un hijo: educada, agresiva, violenta, intuitiva, carismática, frívola, tenebrosa, dulce, sencilla, prepotente...también es resultado de los valores o "no valores" que le ha inculcado su madre. No solo vamos a ser responsables de lo bueno (si lo hubiera). También de lo malo. De hecho, diría Freud, que las taras de las madres siempre tienen un reflejo en los hijos. Las inseguridades de las madres, sus frustraciones, sus anhelos y obsesiones. Entendiendo por taras, a veces, cosas terribles y más escatológicas que los cuentos del Realismo y el Naturalismo. No creáis que se queda el tema en dejar abiertas las puertas de los armarios...O cerradas, en algunos casos, cuando lo suyo hubiese sido abrirlas...
A mí me hubiera gustado leer en "El corazón delator" de Edgar Allan Poe, por ejemplo, qué pensaba la madre del protagonista sobre lo que hizo su hijo y sobre lo que le rondaba por la cabeza. Si lo justificaba, si le daba una explicación científica, determinista...o qué. Pero, claro, Poe no ponía nada de la madre que parió al chico. Igual porque fue una madre ausente, obsesionada con su físico y su juventud o porque tuvo algún amante al que dedicaba todo su tiempo, dejando de lado al niño. Tal vez fue despreciada, maltratada o ninguneada por su marido. Qué sé yo. Pero, lo cierto es que con esa información, a lo mejor habríamos comprendido un poco más al psicópata, algo que así, tal cual, no hacemos.
Hay madres pacientes, luchadoras, reivindicativas, dulces pero firmes, profesionales, independientes (también económicamente), capaces de vencer cualquier obstáculo para que sus hijos sean felices, amantes de los términos matria y matriarcado y ahí, siendo sincera, me gusta incluirme a mí.
Y hay madres débiles, manipuladoras, frustradas, acomplejadas, enemigas de democracias y libertades, madres que maltratan a sus hijos física y psicológicamente, desde pequeños hasta que son ¿adultos?, madres con miradas turbias, no limpias, de ideas claramente dictatoriales, que no quieren que sus hijos las quieran sino que las teman, que, aún casadas, nunca han contado con la compañía ni el apoyo de sus maridos y arrastran traumas "chungos" con poca posibilidad de resolverse.
No juzgo a ese tipo de madres. Bastante han tenido ellas con vivir en esa inseguridad, soledad, infelicidad e insatisfacción toda su vida. Ahora bien, jamás justificaré el mal por el mal a pesar de las experiencias vividas. Eso nunca. Pero, reivindico que los grandes literatos de la historia no se hayan fijado más en ellas. Hubieran sido oro molido para Edgar Allan Poe, Chejov o Emilia Pardo Bazán, entre otros, como ahora lo son para mí. Con eso sí que hubieran explicado muy, pero que muy bien, a los criminales, maltratadores, psicópatas y tarados de sus hijos.



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