Carracosa

"Se ha declamado mucho contra el positivismo de las ciudades, plaga que entre las galas y el esplendor de la cultura corroe los cimientos morales de la sociedad; pero hay una plaga más terrible, y es el positivismo de las aldeas, que petrifica millones de seres, matando en ellos toda ambición noble y encerrándolos en el círculo de una existencia mecánica, brutal y tenebrosa".

Benito Pérez Galdós, escritor español.

En Carracosa nada era lo que parecía y, aún así, todo parecía lo que era.  Cuando uno entraba desde el norte, veía desaparecer, poco a poco, cada atisbo de verdor, cada ápice de frescura, para instalarse, de manera desgarradora, en lo parámico, lo seco, lo estepario. Cuando llegaba desde el sur, casi lo mismo. No había diferencia porque aquel lugar no era de este mundo. Tenía su propio microclima. Su microcosmos. Su idiosincrasia particular. Como si el tiempo allí se hubiese detenido en los albores del siglo XIX.

-Solo me fui hace tres años y parece que hace una eternidad- pensó Adelma. Aquí no cambia nada...

Llegaba desde la carretera del norte, como siempre. Y haciendo un camino que llevaba bastante tiempo sin recorrer. 

Decidió pasar por la plaza, al llegar, a ver si había alguien. 

-Vamos por la plaza, que cuecen habas- le decía siempre una amiga de la adolescencia cuando volvían a casa. Fuese la hora que fuese.


Hoy no cocían ni habas ni nada. Todo estaba muerto. Hasta un par de hombres, de mediana edad, que estaban tomando café y jugando la partida.

Adelma paró el coche y se bajó. 

-Vaya percal- se dijo, mientras sacaba una botella de agua de su bolso- No sé yo si he hecho bien en venir. Todo está igual- Incluso el monumento al Conde seguía como hacía años- Si dijeron que lo iban a restaurar. Las escaleras siguen peor que mal. Más patibularias no pueden ser- masculló Adelma mientras miraba a su alrededor y comprobaba que lo demás también era idéntico.

En la plaza, además del monumento al Conde, estaba el ayuntamiento. Y, en torno a él, dos bares con solera y olor a rancio que llevaban ahí desde mucho tiempo antes de que Adelma naciera. De hecho, le recordaban siempre a las celebraciones familiares: Bodas, bautizos y comuniones de toda la vida. A su familia. A su padre. 

Aquellos pensamientos le habían sumergido tanto en su mundo que, a 15 de agosto y en plena ola de calor africano, rozando los 40º de temperatura, quedó allí parada a pleno sol, durante varios minutos, envuelta en ese halo casi paranormal que inundaba todo en aquel lugar. Ni un ruido. Casi ni un alma. La ropa pegada al cuerpo por el sudor...y la misma sensación de hacía seis años de estar entrando en una película de Almodóvar.

"La aldea, cuando uno se cría en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y embrutece"

Emilia Pardo Bazán, escritora española.






Comentarios

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  2. La despoblación de nuestros pueblos inunda de melancolía nuestro corazón pero nunca podrá arrebatarnos nuestros recuerdos infantiles. Es una pena observar cómo todo languidece en esta Castilla nuestra, quemada por el sol. Siempre nos quedarán suspendidas en su cierzo las notas de nuestras correrías y la lucha de nuestros padres en la ardua tarea de la vida. Besos.

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  3. A seguir luchando y valorando lo nuestro, nuestras raíces, nuestros pueblos. GRACIAS POR TUS PALABRAS AMIGA!!! ENHORABUENA SIEMPRE!!!

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  4. Una vez más se ve una gran variedad de palabras dentro del mundo real de adelma, ¡y cómo no!, también se puede ver a esa mujer de alto valor qué te lleva a lo más profundo de sus mensajes....qué hermosura....

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