El tirafondo
"Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad"
Paul Auster, escritor estadounidense.
-Un café solo, por favor.
-¿Con azúcar o con sacarina?
-Sin nada.
-¿Con hielo?
-No, gracias.
-Madre mía. Cuarenta grados a la sombra y un café sin hielo ni nada. Y ni un poquito de azúcar. Hay que endulzarse un poco, hombre.
-¿Me lo dices o me lo cuentas?
-Bueno...cada uno tiene sus gustos, sus manías...
-Con decirte que hace años a mí no me gustaba el café y mira cómo lo tomo ahora...
-Perdona. ¿Tú eres la que sale en la tele, no?
-Sí.
-Desciendes de aquí, de Carracosa, ¿verdad?
-Así es. Perdona, voy a sentarme en esa mesa.
El camarero tenía ganas de hablar. Adelma, ninguna. Aún así lo entendía. No era probable que hablase mucho con nadie. Al menos con nadie que estuviese vivo.
Al entrar en El Bar, Adelma tuvo la sensación de entrar en otra película. Esta vez era una del oeste. De las que veía de pequeña. Un bar vacío en medio de un desierto. Mucho calor. Clima pistolero. Un camarero limpiando la barra. La premonición de que, en cualquier momento, iba a aparecer el sheriff. Comprado por el malo del pueblo. Y ella era Gary Cooper en "Solo ante el peligro".
-No sé si me podrás firmar un autógrafo- de nuevo el camarero.
-Claro. Por supuesto.
-Es que por aquí casi no pasa gente conocida. Desde que yo estoy aquí, nunca ha venido nadie famoso.
-¿Y viene alguien que no sea famoso?
-Por la mañana sí. Por las tardes, en verano, casi nunca. A partir de las ocho o las nueve, si acaso.
-¿Y tú, qué haces aquí? ¿No eres de esta zona, verdad?
-No. Soy de lejos, la verdad. Del otro lado del mar. Pero, ya sabes cómo están las cosas...
-Me imaginaba. Y...¿Llevas mucho tiempo aquí? ¿Conoces a gente?
-Llevo ya dos años. Aunque estoy un poco cansado...Me gustaría irme.
-No es raro. Yo llevo tiempo fuera. Hace mucho que no venía. Pero todo está igual, al menos en apariencia.
-Bueno. La verdad es que desde que yo llegué, poca diferencia hay, sí. Ha cambiado el alcalde, lo único. Ahora hay una alcaldesa.
-¿Qué me dices? ¡Qué bien! No sé si yo la conoceré. ¿Es de aquí?
-Pues no lo sé. Al no ser de aquí yo, no sé muy bien.
-Ya preguntaré.
Adelma no tenía ganas de hablar. Pero, de verdad.
Su viaje a Carracosa era algo improvisado. Algo que había surgido, de repente, en su cabeza. Y ella siempre se dejaba llevar por sus impulsos. Le parecían corazonadas. Algo que el destino había hecho aparecer en su mente, como un destello, por alguna razón. Por eso había vuelto a aquel lugar. Nada más. Pero hablar, lo que era hablar, no le apetecía. Por mucho que aquel chaval pareciera majo.
-Cóbrame, por favor, que me tengo que ir.
-Un euro con veinte.
-¿Cómo?
- Uno veinte.
-¡Qué barato! Si parece que sigo en el instituto. Y desde aquello, ya ha llovido. Aquí todo sigue exacto. Hasta el precio del café. ¿Se ha detenido el tiempo?
-¿Aquí? Poco más o menos- sonrió el camarero.
-¿Cómo te llamas?- preguntó Adelma. Estaré por la zona unos días y seguro que vengo más veces. El café estaba rico.
-Gus.
-Hasta luego, Gus.
-Hasta mañana, señorita.
A Adelma no le gustaba nada que le llamasen "señorita". Ella nunca había llamado "señorito" a ningún hombre. Le sonaba a Gracita Morales. En fin. Aquello era Carracosa. No se podía pedir más.
Salió y se montó en su coche. Arrancó. Bajó las ventanillas.
-¡Qué puto calor, joder! Así no hay quien viva.
Al poco de echar andar, empezó a oír un ruido raro. Como de aire escapándose de una rueda. Paró.
-¿Qué pasa ahora?
Adelma bajó del coche y miró las ruedas. Una a una...¡Bingo! En una de ellas, un tirafondo clavado. Intentó sacarlo pero no tenía fuerza. Miró a su alrededor. Alguien lo había puesto. Ella sabía quién. Pero no se veía a nadie.
-Llevo media hora en el pueblo y ¿ya han intentado matarme?
Rememoró entonces cómo en Carracosa había más vida subterránea que en la superficie. Y que las paredes, puertas y ventanas tenían ojos.
Oyó algo. Como pasos. Miró hacia atrás. No vio nada.
Siguió intentando extraer el tirafondo. Imposible.
Oyó entonces otro ruido. Un silbido. Se giró.
Allí estaba. Tras ella, como siempre. Su peor pesadilla.
-Pero, si en "Solo ante el peligro" el malo llega en el tren de mediodía. Joder. No me da tiempo a nada- se repitió Adelma en voz alta un par de veces- El mantra de mi vida.
Sonó Dimitri Tiomkin. Y Adelma se encomendó a Gary Cooper.
"Todo mal viene con alas y huye cojeando"
Voltaire, filósofo francés.



Nunca me hubiera imaginado la posibilidad de dar título a un escrito con el vocablo tirafondo.
ResponderEliminarMuy bueno, compañera.
Gracias, Rita. Intento ser sorprendente…Me alegro de que te guste.
Eliminar