El error

Si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará fuera.



    Dicen que "errar es humano y perdonar, divino". Y yo, pobre ser terrenal y mortal, me considero una persona bastante errante. En todas las acepciones de una palabra polisémica y poética a partes iguales.

    Errar es, en su primera acepción, "no acertar en algo". 
Solo daré una explicación a por qué soy errática por definición: suelo llevar el paraguas plegable en el bolso siempre, excepto los días en que realmente llueve. Esos días, por alguna razón que escapa a la lógica, lo saco, porque considero que la mañana está despertando clara y creo que va a hacer un sol esplendoroso (sí, también soy una mujer bastante optimista).
Pues así, igual que me pasa con cuestiones intrascendentes como la del paraguas, cuyas consecuencias son completamente irrelevantes, me ha pasado alguna vez en la vida con temas bastante más escabrosos.
He de decir que los errores grandes que he cometido se pueden contar con los dedos de una mano y aún me sobrarían dedos pero, cierto es, igualmente, que las consecuencias de esos errores mayores permanecen bastante más en el tiempo. Por mucho que Thalía diga aquello de "no me acuerdo, no me acuerdo y si no me acuerdo no pasó" y eso lleva a cometer otros errores más pequeños...




    La tercera acepción de errar es "andar vagando de una parte a otra". Y sí, me gusta vagar, viajar, ver, vivir, leer y soñar porque a través de todo ello seguimos siendo errantes y continuamos sin parar quietos en ningún sitio. No me gusta quedarme parada en un lugar demasiado tiempo. Soy más nómada que sedentaria y me agobio bastante cuando creo que ya conozco todo de un lugar o de una ciudad. Mi espíritu de sagitario aventurera me pide seguir errando.

    La cuarta acepción me encanta: "dicho de la imaginación, del pensamiento o de la atención: divagar". Siempre. Mi imaginación lleva sus propios ritmos y es un pozo sin fondo al que, a veces, no sé sacar partido muy bien. Pero en tantas ocasiones he sido y soy feliz en mi mundo, en mi imaginación, creando espacios, personajes, ambientes e historias que no imagino mi vida sin que mi pensamiento ande errante cada dos por tres.

    Y sí. Sé que me he dejado la segunda acepción del verbo pero es que esa es la única que no va conmigo para nada. Es la que dice que errar significa también "faltar a alguien o no cumplir con lo que se le debe" y yo en eso soy leal hasta el extremo. Y, por lo mismo, siempre pido reciprocidad total. Si veo que no me la dan, simplemente y sin dar muchas explicaciones (en ocasiones, ninguna) me doy la media vuelta y me voy, errante de mí, para siempre y sin mirar atrás. A otros mundos, a otros paisajes y a otras personas, quizá para seguir errando.

    Mi acepción favorita es y seguirá siendo, probablemente, la primera. Porque conjugando ese verbo en mi vida he aprendido casi todo lo que sé y soy la mujer que soy. A través del famosísimo "ensayo/error". 
Todavía no he llegado a concluir la respuesta a la típica pregunta que se suele hacer a los actores, músicos, escritores, poetas y demás celebridades y que, a veces, resuena en todos los seres humanos de manera repetitiva: Y si volvieras a nacer, si tuvieras una segunda oportunidad en la vida, ¿harías lo mismo que has hecho? ¿Repetirías todo? Aunque, llegados a este punto del artículo, diría que yo sí repetiría todo. 

    Siendo filosófica y práctica, al mismo tiempo, (si es que eso es posible) y según la visión holística, hay que concebir las realidades como un todo distinto de cada una de las partes que lo componen por separado. Así que, indudablemente, y aunque parezca una refutación total a todo lo que he dicho, yo he acertado más que he errado.


Comentarios

Entradas populares